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Natarajasana y su danza

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“Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar”, escribe Nietzsche en Así habló Zaratustra; y a ello le siguen las siguientes palabras: “Aprendí a caminar, y desde entonces, corro. Aprendí a volar, y desde entonces no tolero que me empujen para pasar de un sitio a otro. Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mi mismo por debajo de mí, ahora un Dios baila en mí”.
 

 

Numerosos estudios hablan ya sobre la influencia que pudo tener el budismo y el hinduismo en la filosofía nietzscheana. Y, como bien sabemos, Shiva es uno de los personajes de la mitología hindú más conocido. Se caracteriza, sobre todo, porque su esencia va tomando diversas formas en cada uno de los relatos (formas animales, orgánicas, terrenales…). Uno de los personajes más ilustres que representa es el de el Dios de la Danza o, en Sánscrito, Nataraja. Cuando Shiva toma esta forma, aparece rodeado por varias serpientes que cuelgan de su cuello, bailando dentro de un círculo en llamas.

  Cada etapa o era de este mundo es larga y, al final de cada una de ellas, Shiva se prepara para destruirlas y poder dar paso a la creación de nuevos tiempos. Nosotros, como seres mortales, nunca llegaremos a vivir lo suficiente como para vislumbrar una era completa de principio a fin; no obstante, Shiva, como Nataraja, es inmortal y percibe cada era como un mero momento pasajero a lo largo del tiempo. En una de sus manos porta un tambor, de forma que, con cada golpe o batido, anuncia la muerte y el renacimiento de otra etapa. Este tambor bate rápido, y Shiva baila al ritmo de su propia música, dentro de un círculo en llamas conocido como samsara.

Samsara representa el patrón cíclico en el que todos y cada uno de nosotros estamos atrapados, es decir, la constante repetición de ciclos de nacimiento, vida y muerte. Otra manera de entender el samsara hace referencia a las numerosas formas en las que quedamos atrapados o atascados en patrones y hábitos a lo largo de nuestra vida y que, en lugar de ayudarnos a avanzar, nosshiva11 limitan y nos reprimen. No obstante, estos ciclos del samsara, parecen no perturbar a Shiva, quien los percibe como meros ritmos que le permiten bailar. Shiva, en su forma de Nataraja, no teme a estas ataduras, de la misma forma en que no teme a las serpientes que rodean su cuello.

Además de ello, Shiva, el bailarín cósmico, no se siente culpable ante la destrucción de cada era. Sabe que todo lo que nace debe morir. Entiende que la destrucción abre el camino del renacimiento y que en el nacimiento y el crecimiento existe compasión. Brahma, el creador, no podría realizar su trabajo si Shiva, el destructor, no hace el suyo; es, precisamente, la destrucción de Shiva lo que nos proporciona un terreno fértil para el proceso de reconstrucción de Brahma.

Para poder bailar como lo hace Shiva, tenemos que sentirnos libres. Y la libertad, proviene del hecho de saber que no hay nada que nos ate eternamente, permanentemente. El baile de Nataraja nace de la liberación que siente al perder el miedo al cambio. Nos enseña a cabalgar sobre las olas del cambio y a entender que el cambio es la única constante en el universo.

El miedo al cambio es, probablemente, uno de los miedos que más estrés y angustia nos causa. Ha sido causante de numerosas guerras a lo largo de la historia y lo que nos hace, a menudo, aferrarnos a dogmas y clichés establecidos. El deseo por querer que las cosas permanezcan siempre iguales es, según Buddha, lo que mayor sufrimiento nos trae; la resistencia al cambio es lo que nos causa dolor. Al contrario, abrazar y aceptar el cambio nos libera del sufrimiento.

Podríamos decir que Shiva nos da la libertad para demoler nuestras normas sociales más arraigadas y crear algo completamente nuevo. Nos dota de un espacio para tomar decisiones más positivas en nuestra vida, dejando a un lado el miedo. Si queremos cambiar, deberemos aceptar un poco de muerte y destrucción como parte inherente de nuestra existencia. Gracias a la postura de Natarajasana, en la que debemos mantenernos en equilibrio, podemos sentir la misma sensación de liberación que siente Shiva mientras baila, y así, nos será más sencillo abrazar esta libertad en nuestras mentes y corazones.

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Una de las figuras más conocidas de Shiva como Nataraja.

* BENEFICIOS:

Cuando practicamos esta asana habitualmente y de manera adecuada…

  • Estiramos los hombros, pecho, abdomen y muslos.
  • Fortalece las piernas y los tobillos.
  • Fortalece la columna vertebral, hombros, glúteos e ingles.
  • Tonifica el abdomen.
  • Mejora el equilibrio, la confianza y la concentración.
  • Actúa también sobre la espalda, los omóplatos y los hombros.
  • Ayuda a regular el sistema nervioso
  • Calma el cerebroanatomy